21 de mayo de 2026

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Por: Ricardo Sánchez Serra / Maristas San Isidro, cuna de cancilleres y líderes

Ricardo Sánchez Serra

El Colegio Maristas San Isidro, hoy desaparecido o anexado, permanece en la memoria nacional como un semillero de personalidades que marcaron la vida pública del Perú. No solo fue cuna de cancilleres, sino también de congresistas, ministros de Estado, empresarios, políticos y periodistas que dejaron huella en la historia contemporánea.

De sus aulas surgieron diplomáticos de la talla de Allan Wagner Tizón, Carlos Pareja Ríos, Javier González-Olaechea Franco y Francisco Tudela van Breugel-Douglas, quienes llevaron el nombre del Perú con honor en el servicio exterior. Pero la lista se amplía con figuras de otras profesiones: Rafael Rey, congresista y ministro de Estado; Tito Borea, político; Alfonso de los Heros, Belisario de las Casas, los hermanos Quijandría y Caillaux, Antonio Meier, Constantino Calvalho, Javier Tovar, destacados empresarios que contribuyeron al desarrollo económico; políticos que asumieron responsabilidades en momentos decisivos; grandes abogados, militares y de todas las profesiones, que enriquecieron el debate público con rigor y compromiso y la vida nacional.

La educación marista se distinguió por su formación integral, que unía disciplina, cultura y servicio con una profunda espiritualidad mariana. El lema VJMJyCh -“¡Viva Jesús, María, José y Champagnat!”- era más que una consigna: era un recordatorio cotidiano de la misión de educar en la fe, la virtud y el compromiso con la patria.

El Himno Marista, entonado con fervor por generaciones de estudiantes, resume esa visión:

“Es la hermosa bandera Marista, manantial cristalino de paz,

luz perenne que al hombre ilumina y le ayuda a luchar contra el mal.

Es nuestra arma invencible la ciencia, nuestro escudo de Dios la moral,

nuestro anhelo servir a la patria, la conquista del bien nuestro ideal…”

Estas palabras, que aún resuenan en la memoria de quienes pasaron por sus aulas, expresan la esencia de la pedagogía marista: ciencia y moral como armas invencibles, servicio a la patria como ideal supremo.

El fundador, San Marcelino Champagnat, supo ver en la educación un camino de transformación social. Su legado, extendido por la Congregación de Hermanos Maristas, se refleja en cada egresado que asumió responsabilidades públicas con disciplina, cultura y vocación de servicio.

Aunque el colegio de San Isidro ya no existe como tal, la obra marista sigue viva. Hoy, los hermanos concentran sus esfuerzos en la Universidad Champagnat, que se ha consolidado como institución de prestigio en carreras como Educación, Psicología, Administración y Contabilidad. La universidad continúa la misión de formar profesionales íntegros, con sensibilidad social y vocación de servicio, heredando el espíritu que caracterizó a los colegios maristas: rigor intelectual, disciplina y compromiso con el país.

Además, aún subsisten otros colegios maristas en el Perú, que mantienen viva la tradición pedagógica y espiritual de Champagnat, formando nuevas generaciones bajo el mismo lema y el mismo himno que inspiraron a quienes hoy son líderes en la diplomacia, la política y la cultura.

La historia del Colegio Maristas San Isidro es un recordatorio de cómo la educación puede transformar sociedades. Sus egresados no solo ocuparon cargos de relevancia, sino que también encarnaron valores de responsabilidad y servicio. En ellos se refleja la grandeza de una pedagogía que supo unir la excelencia académica con el humanismo cristiano.

En tiempos en que la educación enfrenta desafíos de calidad y pertinencia, recordar el legado marista es una invitación a valorar la formación integral. El Perú necesita instituciones que, como los Maristas, eduquen para la vida, para el servicio y para la construcción de una sociedad más justa.

El Colegio Maristas San Isidro fue más que un centro educativo: fue un episodio señero de la historia nacional, una escuela que sembró diplomacia, cultura, política y patriotismo. Su legado sigue vivo en cada uno de sus egresados y en la obra que la Congregación continúa desarrollando en el país.

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