20 de junio de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Ross Barrantes / La ilusión de la justicia

ROSS BARRANTES

En junio de 2025, en un juzgado de Lima, el juez Pérez condenó a ocho años de prisión a un minero por extracción ilegal en el río Nanay. Tres meses después, otro juez absolvió un caso casi idéntico por «insuficiencia de pruebas». Ambos invocaron la ley. Ambos creyeron estar siendo justos. Uno destruyó un medio de vida. El otro permitió la contaminación.

¿Quién fue justo?

¿Nadie? ¿O ambos? Depende de qué creas que vale más: el ecosistema o la supervivencia de una familia. Y esa respuesta no está en ningún código legal. Está en tu conciencia. En tus valores. En lo que eres capaz de sacrificar. Este es el problema real del Perú. Hemos construido un sistema entero sobre una ilusión: que existe una justicia objetiva flotando en el aire, esperando ser descubierta. Lleva casi dos siglos buscándola. Y cada día que pasa, el país colapsa porque descubrimos que esa justicia no existe.

El filósofo austriaco Hans Kelsen lo entendió hace casi un siglo. La justicia no es un hecho comprobable como que el acero pesa más que el agua. La justicia es un valor. Y los valores, a diferencia de los hechos, no se demuestran racionalmente. Nunca. No existe experimento científico que pruebe que la libertad individual vale más que la seguridad económica. No hay laboratorio donde se demuestre que el transporte importa más que el empleo.

¿Por qué? Porque depende de quién eres.

Un economista que vivió la hiperinflación de 1990 dirá que seguridad económica es lo primero. Un ambientalista dirá que el planeta es incuestionable. Todos tienen razón. Y todas sus razones colisionan. En mi trabajo como ejerciendo mi profesión, veo esto cada día. Este es el patrón que nadie quiere nombrar. Los fiscales persiguen opositores creyendo defender la democracia. Los mineros creen generar progreso. Los ambientalistas creen proteger la vida. Los desarrollistas creen que es injusto frenar inversión. Todos tienen razón dentro de su marco de valores. Y todos están dispuestos a imponer su visión.

Resultado: un país donde cada grupo piensa que los otros son profundamente injustos, sin reconocer que su propia justicia también es relativa, también es contingente, también podría ser considerada injusta por alguien que prioriza valores diferentes.

¿La solución? No es encontrar la justicia verdadera. Eso no existe. Es reconocer que nadie la posee. Tolerancia genuina hacia quien piensa diferente. Reglas de juego donde ningún grupo monopolice poder. Humildad constitucional: la justicia que logremos será siempre relativa, provisional, mejorable. Y en un país fracturado como el nuestro, eso debería ser suficiente.

Gracias por leerme

(*) Abogada Constitucionalista

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