19 de junio de 2026

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Un almuerzo de fe y esperanza en el primer aniversario del Papa

Un almuerzo de fe y esperanza en el primer aniversario del Papa

Fraternidad que alimenta la esperanza

Por: Ricardo Sánchez Serra

En la sede de la Nunciatura Apostólica se vivió un momento de profunda fraternidad y espiritualidad: el Nuncio Apostólico, monseñor Paolo Gualtieri, organizó un almuerzo para cientos de personas de bajos recursos, con el generoso apoyo de las Madrecitas de la Congregación Canonesas de la Cruz, quienes realizan constantemente este servicio de caridad.

La jornada estuvo marcada por la bendición de los alimentos a cargo del obispo auxiliar de Lima, monseñor Ricardo Rodríguez, quien recordó la protección maternal de la Virgen María al concluir el mes de mayo: “Te damos gracias Señor por este alimento que nos compartimos de tu misericordia… dale pan al que no lo tiene y hoy a nosotros que lo tenemos, darnos hambre y sed en ti.”

Sus palabras resonaron en los presentes como un llamado a la gratitud y a la solidaridad.

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Monseñor Paolo Gualtieri destacó el motivo de la celebración: el primer aniversario del pontificado del Papa León XIV, hijo de Chiclayo, cuya misión pastoral ha puesto en el centro la opción preferencial por los pobres y la defensa de la dignidad humana. Con discreta emoción, el Nuncio subrayó: “El Papa León XIV nos recuerda que la Iglesia no puede apartarse de los pobres, porque en ellos encontramos el rostro mismo de Cristo. Su magisterio es un faro que ilumina nuestra misión: ser una Iglesia que acompaña, que consuela y que sirve.”

Los asistentes respondieron con aplausos y vivas: “¡Viva el Papa! ¡Viva León XIV!”.

El almuerzo fue también ocasión para reconocer la entrega silenciosa de las Canonesas de la Cruz, quienes con humildad y constancia preparan alimentos para los más necesitados, convirtiendo cada gesto en un testimonio vivo del Evangelio.

En medio de la celebración, un anciano invitado tomó la palabra para agradecer al Nuncio, a los obispos y a la Congregación. Con voz emocionada recitó un poema de Calderón de la Barca, arrancando grandes aplausos y recordando que la poesía, como la fe, puede elevar el espíritu y unir corazones.

Este encuentro no fue solo un almuerzo: fue un signo de esperanza, un acto de comunión y un testimonio del magisterio papal que inspira a la Iglesia a caminar junto a los pobres y marginados.

Este gesto debería inspirar a muchas arquidiócesis, diócesis, parroquias y organismos eclesiales a organizar almuerzos fraternos semejantes, por el bien de nuestra Santa Iglesia y su misión evangelizadora. Son actos sencillos que fortalecen la comunión y hacen visible el Evangelio en la vida cotidiana.

Como nos recuerda la Escritura: “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis” (Mateo 25, 35).

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