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    La peruana Almirante que fue la Reina de los Mares del Sur

    La limeña Isabel Barreto, a la muerte de su esposo, lo sucedió al frente de una de las más largas expediciones marítimas españolas del siglo XVI

    La peruana Isabel Barreto fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

    De sus orígenes se sabe a ciencia cierta que fue una peruana, limeña, desposada en la misma Lima en 1585 con Álvaro de Mendaña, navegante que había descubierto 17 años antes las islas Salomón, un territorio mítico, denominado Ofir en la Biblia.

    Atraídos por ese oro, Mendaña e Isabel Barreto decidieron embarcarse en una colosal aventura y viajar juntos a las islas Salomón, de las que esperaban regresar ricos.

    El 9 de abril 1595, la pareja de navegantes al frente de cuatro naves con 400 navegantes zarparon del Callao, el puerto de la recién fundada ciudad de Lima, para conquistar las islas Salomón y, de paso, explorar la posibilidad de llegar a la Terra Australis Incognita, que más tarde resultaría ser el quinto continente: Australia.

    Tierra a la vista

    Durante tres meses, la expedición navegó por el océano Pacífico en busca de las islas Salomón, tratando de alcanzar la latitud que Mendaña había anotado en su primer viaje.

    Por fin, el 21 de julio de 1595 avistaron tierra. Pero no eran las islas Salomón. Mendaña se dio cuenta de que los pobladores de aquel lugar no hablaban la misma lengua que los nativos con los que había contactado en su expedición anterior a las Islas Salomón, y también su aspecto físico era diferente. Y, sobre todo, allí no había ningún río lleno de oro.

    Aquellas islas efectivamente no eran las Salomón. Mendaña tomó posesión de ellas y las bautizó islas Marquesas de Mendoza en honor al marqués de Mendoza, el virrey del Perú.

    La expedición se hizo de nuevo a la mar. Durante dos meses más siguieron navegando por esos mares desconocidos, en durísimas condiciones de salubridad e higiene.

    Islas Salomón

    Para colmo la Santa Isabel, una de las cuatro naves que habían zarpado del puerto del Callao, desapareció un día en mitad de la noche y nunca se volvió a saber nada de ella ni de sus pasajeros.

    En septiembre de 1595, cuando estaba a punto de desencadenarse un motín a bordo, la expedición avistó por fin una nueva isla a la que Mendaña llamó Santa Cruz.

    Sin embargo, esta vez sí que habían llegado a las islas Salomón, concretamente al extremo sur de las mismas y en particular a una isla que actualmente se llama Nendö. Medaña decidió desembarcar y fundar allí algunas ciudades, incluida la de Santa Isabel, así llamada en honor a su esposa.

    Álvaro y doña Isabel decidieron convertirse en marqueses del Sur, aunque sus posesiones en aquellas tierras se limitaban a cuantas cabañas.

    Allí no había oro y pronto surgieron conflictos entre los propios navegantes, cansados de las duras condiciones de vida que tenían que soportar y decepcionados por la total ausencia de oro.

    Álvaro de Mendaña, secundado por su esposa peruana, descubrió las islas Salomón y pasó por un estrecho que hoy lleva su nombre.

    Mortandad

    Y entonces llegó una epidemia de la malaria. En un solo mes murieron 47 personas, incluido Álvaro de Mendaña, quién antes de morir nombró a su esposa, la marquesa del Sur, como su heredera y sucesora como gobernadora de esas islas y adelantada de la expedición.

    Por primera vez en la historia de la conquista española, una mujer estaba como jefa de una expedición naval, un grado equivalente al de almirante.

    Según el navegante portugués Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor de aquella expedición, la adelantada trataba con una crueldad inhumana a las personas bajo su mando. La describió de “carácter varonil, autoritaria, indómita y despótica”, y gracias a ella la expedición logró salir adelante.

    Una travesía trágica

    La expedición decidió abandonar la isla de Santa Cruz y y enrumbó hacia las islas Filipinas, que fue una pesadilla porque muchas personas murieron a causa de las fiebres y del escorbuto, y un segundo barco con todo su pasaje se perdió.

    Y un tercer barco, el San Felipe, se separó de la nave capitana, pero logró llegar tiempo después a Mindanao, la segunda isla más grande del archipiélago de las Filipinas.

    El 11 de febrero de 1596 el galeón San Jerónimo, con Isabel al frenre, arribó finalmente al puerto de Manila, 10 meses después de haber zarpado del Callao.

    Quedaban a bordo menos de 100 personas de las más de 400 que habían iniciado travesía, a las que habría que sumar otras 40 que sobrevivieron en el San Felipe.

    Una gesta increíble

    Pero habían logrado una gesta increíble: habían recorrido la mayor distancia surcada por naves españolas en el siglo XVI, alrededor de 20.000 kilómetros y habían sido los primeros en cruzar el Océano Pacífico por el hemisferio sur.

    Y habían regresado con la certeza de la existencia de un quinto continente, Australia, al que entonces bautizaron como Australia del Espíritu Santo en honor a Felipe III de España, rey de la casa de los Austria.

    Tres meses después de su llegada a Filipinas, Isabel volvió a casarse; contrajo nupcias con Fernando de Castro, un hombre emprendedor.

    Y aunque la Reina de los Mares del Sur nunca regresó a las islas de las que era marquesa, ella y su nuevo esposo navegaron de vuelta al Nuevo Mundo en un viaje arriesgado en el que tuvieron que afrontar varias grandes tormentas.

    A su regreso a Perú, hicieron fortuna vendiendo los exquisitos productos orientales que habían comprado en Filipinas, y entre los que se encontraban suntuosas sedas de China.

    La única adelantada de la historia murió en 1612, a los 45 años, en Castrovirreyna, una población minera de Perú donde su marido era gobernador.

    BBC.COM/MUNDO

    La limeña Isabel Barreto, a la muerte de su esposo, lo sucedió al frente de una de las más largas expediciones marítimas españolas del siglo XVI

    La peruana Isabel Barreto fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

    De sus orígenes se sabe a ciencia cierta que fue una peruana, limeña, desposada en la misma Lima en 1585 con Álvaro de Mendaña, navegante que había descubierto 17 años antes las islas Salomón, un territorio mítico, denominado Ofir en la Biblia.

    Atraídos por ese oro, Mendaña e Isabel Barreto decidieron embarcarse en una colosal aventura y viajar juntos a las islas Salomón, de las que esperaban regresar ricos.

    El 9 de abril 1595, la pareja de navegantes al frente de cuatro naves con 400 navegantes zarparon del Callao, el puerto de la recién fundada ciudad de Lima, para conquistar las islas Salomón y, de paso, explorar la posibilidad de llegar a la Terra Australis Incognita, que más tarde resultaría ser el quinto continente: Australia.

    Tierra a la vista

    Durante tres meses, la expedición navegó por el océano Pacífico en busca de las islas Salomón, tratando de alcanzar la latitud que Mendaña había anotado en su primer viaje.

    Por fin, el 21 de julio de 1595 avistaron tierra. Pero no eran las islas Salomón. Mendaña se dio cuenta de que los pobladores de aquel lugar no hablaban la misma lengua que los nativos con los que había contactado en su expedición anterior a las Islas Salomón, y también su aspecto físico era diferente. Y, sobre todo, allí no había ningún río lleno de oro.

    Aquellas islas efectivamente no eran las Salomón. Mendaña tomó posesión de ellas y las bautizó islas Marquesas de Mendoza en honor al marqués de Mendoza, el virrey del Perú.

    La expedición se hizo de nuevo a la mar. Durante dos meses más siguieron navegando por esos mares desconocidos, en durísimas condiciones de salubridad e higiene.

    Islas Salomón

    Para colmo la Santa Isabel, una de las cuatro naves que habían zarpado del puerto del Callao, desapareció un día en mitad de la noche y nunca se volvió a saber nada de ella ni de sus pasajeros.

    En septiembre de 1595, cuando estaba a punto de desencadenarse un motín a bordo, la expedición avistó por fin una nueva isla a la que Mendaña llamó Santa Cruz.

    Sin embargo, esta vez sí que habían llegado a las islas Salomón, concretamente al extremo sur de las mismas y en particular a una isla que actualmente se llama Nendö. Medaña decidió desembarcar y fundar allí algunas ciudades, incluida la de Santa Isabel, así llamada en honor a su esposa.

    Álvaro y doña Isabel decidieron convertirse en marqueses del Sur, aunque sus posesiones en aquellas tierras se limitaban a cuantas cabañas.

    Allí no había oro y pronto surgieron conflictos entre los propios navegantes, cansados de las duras condiciones de vida que tenían que soportar y decepcionados por la total ausencia de oro.

    Álvaro de Mendaña, secundado por su esposa peruana, descubrió las islas Salomón y pasó por un estrecho que hoy lleva su nombre.

    Mortandad

    Y entonces llegó una epidemia de la malaria. En un solo mes murieron 47 personas, incluido Álvaro de Mendaña, quién antes de morir nombró a su esposa, la marquesa del Sur, como su heredera y sucesora como gobernadora de esas islas y adelantada de la expedición.

    Por primera vez en la historia de la conquista española, una mujer estaba como jefa de una expedición naval, un grado equivalente al de almirante.

    Según el navegante portugués Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor de aquella expedición, la adelantada trataba con una crueldad inhumana a las personas bajo su mando. La describió de “carácter varonil, autoritaria, indómita y despótica”, y gracias a ella la expedición logró salir adelante.

    Una travesía trágica

    La expedición decidió abandonar la isla de Santa Cruz y y enrumbó hacia las islas Filipinas, que fue una pesadilla porque muchas personas murieron a causa de las fiebres y del escorbuto, y un segundo barco con todo su pasaje se perdió.

    Y un tercer barco, el San Felipe, se separó de la nave capitana, pero logró llegar tiempo después a Mindanao, la segunda isla más grande del archipiélago de las Filipinas.

    El 11 de febrero de 1596 el galeón San Jerónimo, con Isabel al frenre, arribó finalmente al puerto de Manila, 10 meses después de haber zarpado del Callao.

    Quedaban a bordo menos de 100 personas de las más de 400 que habían iniciado travesía, a las que habría que sumar otras 40 que sobrevivieron en el San Felipe.

    Una gesta increíble

    Pero habían logrado una gesta increíble: habían recorrido la mayor distancia surcada por naves españolas en el siglo XVI, alrededor de 20.000 kilómetros y habían sido los primeros en cruzar el Océano Pacífico por el hemisferio sur.

    Y habían regresado con la certeza de la existencia de un quinto continente, Australia, al que entonces bautizaron como Australia del Espíritu Santo en honor a Felipe III de España, rey de la casa de los Austria.

    Tres meses después de su llegada a Filipinas, Isabel volvió a casarse; contrajo nupcias con Fernando de Castro, un hombre emprendedor.

    Y aunque la Reina de los Mares del Sur nunca regresó a las islas de las que era marquesa, ella y su nuevo esposo navegaron de vuelta al Nuevo Mundo en un viaje arriesgado en el que tuvieron que afrontar varias grandes tormentas.

    A su regreso a Perú, hicieron fortuna vendiendo los exquisitos productos orientales que habían comprado en Filipinas, y entre los que se encontraban suntuosas sedas de China.

    La única adelantada de la historia murió en 1612, a los 45 años, en Castrovirreyna, una población minera de Perú donde su marido era gobernador.

    BBC.COM/MUNDO

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