26 de agosto de 2026

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Por: Antero Flores-Araoz / Reglas telefónicas

Ántero Flores-Aráoz

Indiscutiblemente con el correr del tiempo las comunicaciones telefónicas se han vuelto indispensables para todo el mundo.

Para quienes trabajan es una herramienta para solicitar documentos, pedir o cancelar citas, hacer pedidos de materiales, como también realizar consultas.

Para los estudiantes averiguar cuál fue la tarea encomendada pues no pudo concurrir a clases por alguna dolencia y, para quienes ni trabajan ni tampoco estudian, pero tienen tiempo libre para comunicarse con otras personas que están en la misma situación, pero que con la comunicación telefónica matizan su soledad.

Lo que no tiene mucho sentido es que se llame para la conversa a quienes trabajan o estudian en horas que están dedicadas a dichas actividades, aunque si fuera de tales horarios.

Puede ser muy cómodo y grato utilizar horas sin actividad, para hacer conversaciones sociales, pero por el amor de Dios, un poco de criterio para no utilizar en llamadas tiempos que están destinados a otras actividades.

Cuando los servicios telefónicos eran remunerados a través de tarifarios en que se entrelazaban el tiempo de la llamada y la distancia con el contertulio, se tenía más cuidado para hablar solo lo necesario y no extenderse demasiado.  Empero con las tarifas planas la cosa varió, pues para el costo de las llamadas era lo mismo parlar poco que mucho.

Lo que se requiere es un poco de criterio, por lo menos lo suficiente para no hacer llamadas kilométricas, que más que agradar se convierten en un fastidio.

Evidentemente con los mensajes telefónicos sucede lo mismo, y para dejar una indicación no se requiere de discursos, siempre hay que ponerse en el caso de quien es llamado, a efecto de que con tino no se les interrumpa sus actividades laborales o de estudios, entre otras igualmente importantes.

El “Manual de Urbanidad y Buenas Maneras” más conocido como el “Manual de Carreño” fue ideado por el venezolano Manuel Antonio Carreño en 1853, por lo que siendo anterior al invento del teléfono, patentado en 1876, no contiene ninguna regla para el uso del mismo. Una pena por cierto pues de haber sido posterior al citado manual, no habría habido necesidad alguna de redactar estas breves líneas.

La verdad es que no se necesitarían reglas escritas para el uso del teléfono si es que por lo menos, quienes hacen las llamadas tuvieren un mínimo de tino para no interrumpir tareas de terceros que no se pueden posponer, aunque lamentablemente el tino no es una virtud muy extendida.

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