En este mundo globalizado viajar por avión ya no es un acto excepcional como el que vivíamos hace 50 años, hoy son varios millones de personas los que viajan a diario “urbe et orbi” teniendo que adaptarse a la tiranía de las líneas aéreas internacionales.
Antes, la emoción de subir por vez primera en los años 70s y 80s solo era superada por la belleza y amabilidad de las “flight hostess” que recibían al suertudo viajero con una copa de champaña o un jugo de naranja, entregándoles además un pequeño maletín de cuero con los “amenities” de rigor. Y, si el vuelo era nocturno el pasajero era arropado una delgada y abrigadora frazada de lana con los colores de la línea aérea.
Si bien el boleto parecía una chequera voluminosa por la cantidad de copias escritas a mano que tenía, hacía sentir al posesionario de ello de una importancia descomunal por el buen trato que recibía desde el instante de la compra del pasaje aéreo hasta el momento mismo de descender del avión.
El trato amable y personalizado era la pugna diaria de los representantes de las líneas aéreas por doquier y, aquí mismo en los años 70s y 80s tuvimos un ejemplo de ello con la batalla permanente por la preferencia del público entre la primera línea aérea del Perú Faucett y la línea de bandera nacional AeroPerú.
Es muy lamentable decirlo, pero todo eso se ha perdido. Las comidas y bebidas que antes eran parte de la experiencia de volar hasta en los vuelos de Lima a provincias ya no existe más, y si te ofrecen comida chatarra te la venden.
Los asientos cada vez más angostos a los lados y cada vez con menos espacios para las piernas en todos los aviones para que, obviamente, entren más filas de esos lugares en que deban entrar los sufridos pasajeros de hoy. Y, si mides más de 1.80 mts. La situación es peor ya que debes o sentarte totalmente erecto o sacar las piernas hacia el pasillo, si te tocó asiento a la ventana o al medio tu cita al médico es obligatoria llegando a tu destino.
Hoy, para comprar un pasaje visitas una página web, pagas con tarjeta, tienes que validar tu compra con huella dactilar o fotografía digital, no tienes ningún trato humano y si por casualidad ocurre un acontecimiento inesperado la máquina que te responde la llamada jamás podrá resolverlo.
Lo peor está ocurriendo en los vuelos low cost de empresas extranjeras que no tienen oficina en Lima y tercerizan su atención en el aeropuerto a un personal incapaz de dar solución a un problema que no está contemplado en su “manual”. La supuesta solución pasa por llamar a un call center que trabaja en horario de oficina de Europa cuando aquí tus vuelos son a las 9 pm. Y el lograr que te atiendan equivale a sacarte la Tinka.
Es decir, llegas al aeropuerto luego de recibir mensajes confirmatorios de tu reserva y si en la pantalla no estás en la lista pues no viajas, así hayas pagado tu pasaje, te hayan confirmado y haya sitio en el avión. Simplemente te fregaste.
PD.: Level es una de las nuevas líneas low cost en Lima.



