Por: Martín Valdivia Rodríguez / Tiempo de compartir en familia

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Por: Martín Valdivia R. Deprimente ingreso a Lima
Por: Martín Valdivia Rodríguez

Por: Martín Valdivia Rodríguez / Tiempo de compartir en familia / Al peruano no le entran balas o, al menos, hasta que no le pase algo no toma las cosas en serio. Así pasa con los simulacros de sismo y otros asuntos que tienen que ver con la movilización social: no hay consciencia de los problemas, muy poca solidaridad y bastante relajo. Tiene que salir la policía o las Fuerzas Armadas para que recién hagan caso a las normas y acaten las disposiciones. Eso lo decimos porque ayer, en pleno estado de emergencia, las calles de Lima y de las principales ciudades del interior del país lucían pletóricas de gente.

 

Lo peor de todo es que la mayoría de las personas que ayer transitaban por mercados y plazas eran de la tercera edad, ancianos que nadie acompañaba y hacían sus cosas solos. Si bien el estado de emergencia no es similar a un toque de queda, es importante saber que usted, amable lector, no debe salir de su casa salvo a hacer algunas compras cerca de su domicilio. Esperar a que alguna autoridad lo agarre de las orejas y lo lleve detenido, no es lo mejor que le pueda pasar. Queda en la responsabilidad de cada uno hacer las cosas bien si queremos superar esta epidemia.

 

Ahora, ¿qué hacer en casa? Muchas cosas. Para empezar, tener un espacio más amplio para compartir con su familia, conversar con los hijos, disfrutar de un almuerzo con todos. Estos 15 días deberían ser aprovechados para estrechar aquellos lazos de amor que la vida moderna nos ha obligado a olvidar. ¿Hace cuántos años no compartía con su familia una tertulia amplia, una sobremesa de anécdotas y recuerdos, una charla divertida con los hijos que lo extrañan “porque papá o mamá trabajan”?

 

Si lo miramos de ese lado, ya habremos ganado bastante. Igual puede aprovechar estos días de emergencia sanitaria poniendo en orden aquellas cosas que “las dejaba para más adelante” porque no tenía tiempo, para arreglar la cañería de la casa o para terminar de ver la serie de televisión que tanto anhelaba ver. Y no le cuento de los libros que puede leer o los textos que puede escribir. En fin, la casa, el núcleo familia se presta para inventar un millón de excusas y pasarla bien.

 

Como lo dije en una anterior columna: no hay mal que por bien no venga y eso debe de aprovecharlo al máximo, sin renegar y sin infringir las normas establecidas por las autoridades. Haciendo eso ya habrá ganado usted y, desde luego, el Perú. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.